martes, 6 de mayo de 2014

EL MILAGRO QUE "SAN" PABLO SE NEGÓ HACER.

En la primavera de 1979, el arzobispo de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero, viajó al Vaticano. Pidió, rogó, mendigó una audiencia con el papa Juan Pablo II:
-Espere su turno.-No se sabe.-Vuelva mañana.
Por fin, poniéndose en la fila de los fieles que esperaban la bendición, uno más entre todos, Romero sorprendió a Su Santidad y pudo robarle unos minutos.Intentó entregarle un voluminoso informe, fotos, testimonios, pero el Papa se lo devolvió:
-¡Yo no tengo tiempo para leer tanta cosa!
Y Romero balbuceó que miles de salvadoreños habián sido torturados y asesinados por el poder militar, entre ellos muchos católicos y cinco sacerdotes, y que ayer nomás, en vísperas de esta audiencia, el ejército había acribillado a veinticinco ante las puertas de la catedral.
El jefe de la Iglesia lo paró en seco:-¡No exagere, señor arzobispo!
Poco más duró el encuentro.
El heredero de San Pedro exigió, mandó, ordenó:-¡Ustedes deben entenderse con el gobierno! ¡Un buen cristiano no crea problemas a la autoridad! ¡La iglesia quiere paz y armonía!
Diez meses depués, el arzobispo Romero cayó fulminado en una parroquia de San Salvador. La balá lo volteó en plena misa, cuando estaba alzando la hostia.Desde Roma, el Sumo Pontífice condenó el crimen.
(Eduardo Galeano - "Espejos")

miércoles, 2 de abril de 2014

Desolation Row (linchamientos)

Duluth (Minesota), en el extremo occidental del lago Superior, junto a la frontera de Wisconsin. A principios del siglo XX Duluth era un bullicioso nucleo urbano de casi 100.000 habitantes, muchos de ellos emigrantes escandinavos, con un potenete desarrollo industrial que incluia un astillero, una acería perteneciente a U.S.Steel, una cementera y varios silos abastecidos por las llanuras cerealeras circundantes. A pesar de su prosperidad economica, la ciudad contaba con pocos entretenimientos. La llegada de un circo ambulante como el de John Robinson constituía un acontecimiento. Despues de un desfile callejero, el circo fue instalado a toda prisa pues solo ofrecería una funcion el 14 de junio de 1920. A ella asistieron Irene Tuksen, de 19 años, y James Sullivan, de 18. Segun declararon esa madrugada al jefe de policía de Duluth, John Murphy, al volver a casa poco despues del anochecer fueron asaltados a punta de pistola por seis negros que violaron a la chica. A pesar de que en el examen medico llevado a cabo esa misma mañana no apareció signos de violacion en la muchacha, ni tampoco en las ropas, que la familia se había apresurado a lavar, la noticia se extendió por la ciudad como un relampago, acompañada de rumores que agravan el suceso, entre ellos de que la muchacha había sido asesinada durante el asalto.



La influencia de la prensa de la época impresiona contempladadesde los estándares actuales. El recorte de laizquierda, tan sólo unas pocas horas después del supuestoasalto de junio de 1920, provocó una oleada de rumoresque desembocaron en el linchamiento. La foto de laportada, el día después, inmortaliza a las turbas asaltandola comisaría de policía de Duluth.
La influencia de la prensa de la época impresiona contempladadesde los estándares actuales. El recorte de laizquierda, tan sólo unas pocas horas después del supuestoasalto de junio de 1920, provocó una oleada de rumoresque desembocaron en el linchamiento. La foto de laportada, el día después, inmortaliza a las turbas asaltandola comisaría de policía de Duluth.





Duluth tenía una pequeña comunidad negra de no más de 500 personas, que habían llegado atraídas por las ofertas de trabajo dirigidas específicamente por la acería hacia la población negra del sur. El verano anterior estallaron disturbios raciales en varias ciudades del norte, como reflejo de las crecientes tensiones étnicas por la competencia laboral. Los de Omaha (Nebraska) y Chicago (Illinois) fueron especialmente graves, con decenas de muertos. El de 1919 fue denominado luego como el “Verano Rojo” (Red Summer) por su conflictividad social.Un tercio de la población de Duluth la componían inmigrantes fineses, noruegos, suecos y alemanes. 



La tensión escaló tan rápidamente que a las siete de la tarde del 15 de junio, menos de veinticuatro horas después de la supuesta violación múltiple, una multitud de varios miles de personas asaltó la comisaría de Duluth armada de ladrillos, raíles y troncos. La policía recibió órdenes de no abrir fuego. Los trabajadores del circo fueron arrebatados, se celebró un simulacro de juicio y se votó que tres de ellos eran culpables. Inmediatamente fueron llevados en volandas a un céntrico cruce de calles (First Street con Second Avenue East) donde los desdichados Isaac McGhie, Elmer Jackson y Elias Clayton fueron apaleados y ahorcados sucesivamente de una farola. Al día siguiente una compañía de la Guardia Nacional de Minnesota tomó la ciudad y trasladó al resto de los detenidos para evitar nuevas represalias.





A la luz de los faros de un camión, Isaac McGhie, Elmer Jackson y Elias Clayton acaban de ser linchados la noche del 15 de junio de 1920 en Duluth (Minnesota). Esta fotografía del crimen se comercializó como postal, aunque el servicio de Correos de Estados Unidos (U.S. Postal) no distribuía desde 1908 postales de linchamientos
A la luz de los faros de un camión, Isaac McGhie, Elmer Jackson y Elias Clayton acaban de ser linchados la noche del 15 de junio de 1920 en Duluth (Minnesota). Esta fotografía del crimen se comercializó como postal, aunque el servicio de Correos de Estados Unidos (U.S. Postal) no distribuía desde 1908 postales de linchamientos



La prensa local se dividió ante las consecuencias del asunto, con algunos periódicos defendiendo a los perpetradores mientras que otros como el Minneapolis Journal denunciaba que los linchamientos dejarían “una mancha indeleble en el nombre de Minnesota”. Se abrió una investigación por la cual fueron detenidos tres participantes a los que se procesó por motín y que fueron condenados a cinco años de prisión, de los que cumplieron trece meses. Por otro lado, siete trabajadores negros del circo fueron acusados de violación, de los cuales cinco no llegaron a ser procesados, otro resultó absuelto y el último de ellos, Max Mason, cumplió cuatro años de cárcel de una condena de siete por violación. No se juzgó a nadie por los asesinatos de McGhie, Jackson y Clayton, aunque como se hacía en el Sur, se tomaron fotos en los que aparecían ufanos los asesinos y sus víctimas. Algunas de ellas se vendieron como postales durante años. 



A dos manzanas de distancia de la esquina donde se produjo el linchamiento vivía un niño judío de nueve años, Abram Zimmerman, que lo presenció. Andando el tiempo se lo contaría a su hijo Robert, Bob Dylan para los amigos. La continuación de esa calle desde que se pierde en la pradera hasta el delta del Mississippi es la autopista 61.




fuente: 

sábado, 7 de diciembre de 2013

MANDELA El subversivo

El subversivo (por Luis Bruschtein)

El viejito que sonríe en la foto fue un duro guerrillero que soportó torturas y 27 años de cárcel. Ese hombre negro apacible y encanecido fue de los duros que rechazó la libertad cuando le pusieron como condición que se declarara en contra de la lucha armada del Congreso Nacional Africano. Nelson Mandela creció como líder de las luchas de su pueblo en Sudáfrica desplazando a los dirigentes más conciliadores con el régimen brutal del apartheid.

Eran los años ’50 y ’60 y en los Estados Unidos la segregación racial estaba instalada por ley. Sin embargo, era considerado el emblema de la democracia en el mundo. Si Estados Unidos era mostrado como el país más democrático del mundo a pesar de la segregación en la educación, los trabajos, el transporte y hasta en los baños, ¿por qué no habría de serlo también Sudáfrica con su apartheid? Para los cánones de esos años, Estados Unidos y Sudáfrica eran países democráticos, igual que los raquíticos gobiernos latinoamericanos acogotados por sus fuerzas armadas.

Se repiten los discursos de Mandela sobre el sueño de una gran nación sudafricana donde todos los hombres fueran iguales sin importar el color de su piel. Pero cuando Mandela decía esa frase en aquellos años, no estaba pensando en la democracia real de esa época, en la supuesta democracia norteamericana o en la sudafricana. Estaba pensando en otras formas políticas que se relacionaban con procesos similares al argelino o al cubano u otros procesos emancipadores de la época, ya fueran “democracias populares”, “repúblicas democráticas” o socialismo africano.

Nadie pensaba que la democracia de los países escandinavos podía ser operativa en países que arrastraban una larga historia de colonialismo, marginación y explotación. Sin embargo, había una diferencia entre el proceso sudafricano y otros que se desarrollaban en Africa, donde la mayoría trataba de liberarse del yugo colonial. Allí, en cambio, se luchaba contra la dominación blanca. Pero todos pensaban que los cambios solamente vendrían con procesos revolucionarios.

Eran las ideas y las herramientas de ese momento histórico, las que surgían de esa circunstancia. No se podía confiar en la democracia de los blancos o de los militares o en que los poderosos entregaran mansamente sus privilegios. Mandela, Oliver Tambo, Walter Sisulu y otros jóvenes de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano desplazaron a principios de los ’60 a los dirigentes que proponían formas pacíficas de lucha, en las que ellos también habían participado, y fundaron Lanza de la Nación, que era la formación guerrillera del CNA.

Sudáfrica también era diferente a los demás procesos africanos en otros aspectos. La lucha armada no fue centralmente de guerrilla en la selva. El CNA era un movimiento popular de masas con mucha concentración urbana. La lucha armada consistió centralmente en atentados explosivos en las ciudades o en infraestructura, articulados con huelgas e insurrecciones. Mandela y Sisulu estuvieron presos la mayor parte del tiempo y Oliver Tambo exiliado.

El CNA no era africanista, por eso se repite mucho la frase de Mandela cuando dijo que “siempre luché contra la dominación blanca y siempre luché también contra la dominación negra”. No era africanista porque, a pesar de que centralmente la lucha era contra el apartheid, tenía un fuerte componente ideológico. El CNA tenía influencias marxistas soviéticas y chinas, al igual que todos los líderes anticolonialistas africanos de esa época, desde Patrice Lumumba en el Congo hasta Samora Machel en Mozambique.

Machel era un marxista ortodoxo, dirigente del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) y llegó al poder aliado a los soviéticos en 1974 después de la Revolución de los Claveles en Portugal. Fue asesinado en un atentado y su viuda, Graca Machel, se convirtió varios años después, en 1998, en la última esposa de Mandela. Otro aspecto particular del CNA era que Mandela había integrado también a blancos y a indios. Paradójicamente, mientras el gobierno de Israel apoyaba al gobierno racista blanco y le vendía armas, varios judíos sudafricanos, entre ellos Denis Goldberg, Lionel Berstein y Harold Wolpe, lucharon junto a Mandela en Lanza de la Nación.

Los poderes y las fuerzas que representan los principales líderes del mundo que el jueves hicieron conocer sus condolencias por la muerte de Mandela y lo elevaron al rango de ejemplo para la humanidad, durante su lucha lo consideraron subversivo y terrorista. No era para nada políticamente correcto. Muchas de esas fuerzas y poderes fueron cómplices de su encarcelamiento y tortura.

Mandela es el duro luchador y al mismo tiempo es el gran pacifista que advirtió la prioridad de la integración en un país dominado salvajemente por una minoría blanca. Una cosa no se puede separar de la otra. Para hacer lo que hizo en el poder, antes tuvo que luchar como lo hizo. Es difícil unir esas dos facetas que se muestran como polos que se contradicen. Si en la primera etapa de su vida hubiera actuado como lo hizo en la segunda, hubiera sido cómplice de la explotación blanca. Si al salir de la cárcel hubiera mantenido la intransigencia que lo caracterizó en la lucha, hubiera llevado a Sudáfrica a una catástrofe.

Pero el cambio no se produjo porque llegó al poder, sino porque su llegada al poder fue parte de un reacomodo que se estaba produciendo en todo el mundo al finalizar la Guerra Fría y asentarse el proceso de globalización donde el mundo se convirtió en un solo mercado.

Uno de los grandes problemas de las revoluciones en Angola o en Mozambique había sido que provocaron el éxodo masivo de la población blanca, con lo cual se quedaron sin profesionales ni empresas. En Sudáfrica la economía estaba en manos de los blancos, que a su vez eran la inmensa mayoría de los profesionales. La población blanca y la población negra estaban condenadas a vivir en paz. Mandela fue concesivo en muchos aspectos, sobre todo con los juicios de la verdad, porque la emigración masiva de los blancos hubiera significado la bancarrota y el fracaso de la lucha contra el apartheid. En 1974 Mozambique fue rescatada por la URSS. En los años ’90, cuando Mandela llegó al poder, la URSS ya no existía y los términos del comercio mundial estaban más o menos regidos por la OMC.

Robert Mugabe, otro gran líder africano, fue más rígido y en la actualidad Zimbabwe (ex Rodhesia del Sur, vecina a Sudáfrica) está aislada y con fuertes problemas económicos.

Mandela era un hombre mayor. Sabía que le quedaban pocos años útiles de vida y los usó para consolidar la salida del apartheid en una Sudáfrica multirracial. Sabía que dejaba un país con profundas desi-gualdades, pero se dio cuenta de que su tiempo estaba acotado a consolidar la monumental victoria que había logrado. Fue su legado a las nuevas generaciones, las que deberán ocupar su puesto en la lucha contra la miseria y las injusticias que aún subsisten. Así el antiguo terrorista y subversivo que no merecía más que una visita cada seis meses durante 27 años se convirtió en el héroe moral de la nueva era.

Mandela fue una expresión muy particular, difícil de equiparar por su dimensión humana, pero en general hay ciertos rasgos similares con los procesos que se generaron en América latina al comenzar el siglo. Miguel Brascó cuenta una anécdota de su visita a Johannesburgo en los ‘60. “El problema –le dijo a un sudafricano blanco– es que aquí no votan los negros.” “Tengo entendido que en su país tampoco”, le respondió el hombre un poco molesto. Se refería a que el peronismo estuvo proscripto durante 18 años.

Expresiones, reflejos, continuidades o rescoldos de lo que en determinado momento histórico fue condenado por subversivo y terrorista llegaron a los gobiernos por medios democráticos. Expresiones de los trabajadores combativos en Brasil o en Venezuela, de los pueblos originarios en Bolivia, de los tupamaros en Uruguay, de la Juventud Peronista en Argentina, de los curas tercermundistas en Paraguay o de los allendistas chilenos aparecieron con mayor o menor fuerza, con mayor o menor eficacia, como una opción de poder concreto para amplios sectores populares que habían sido marginados por la aplicación de las ideas hegemónicas del neoliberalismo. Cada una de esas experiencias históricas había dejado un reservorio de valores de lucha y resistencia que sirvieron para la construcción de nuevas opciones. Había restos vivos de lo que parecía perdido y arrasado por las represiones, las cárceles y los exilios.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Un Grammy a la derecha por favor

Palito Ortega se acaba de ganar un grammy a la excelencia musical , va aquí un pequeño homenaje al publicista de la dictadura que en epocas de Viola trajo a Frank Sinatra, y cuando vino la democracia se fue a vivir a Miami, ¿y de que vivía alla? a como explicarlo tenía algo así como una sucursal de Sadaic (Sadaic Latin Corp,) 



Vamos, vamos, cantorcito
que andás de contramano. 
A la gente le costó mucho
para verte triunfar. 
Y mientras vos cantabas, yo creo que tu mente
estaba en otro lado
contando las entradas. 
Devolvele al pueblo la canción que le sacaste
ellos siempre están dispuestos a perdonarte. 

Quién te dijo que la gente
se levanta alegre para ir a trabajar. 
Lamento decirte, pero estás equivocado. 
La gente sólo se ríe si le dicen la verdad.
La verdad no debería ofender a nadie, 
el que no la acepta es porque mintiendo está. 

Yo creo que sos bueno
y sos un padre ejemplar. 
Con eso no me meto, te deseo lo mejor
de todo corazón, te lo digo como hermano. 
Porque a pesar de todo de la misma patria somos. 
La gente ya quiere escuchar otra canción, 
se sienten impotentes si un cantor no los defiende. 

El indio hace vasija y artesanía de barro, 
y luego van de aquí y se la compran por dos mangos. 
Eso, por ejemplo, es decir una verdad
y quedan muchas que podrías vos cantar. 
La gente te pide que ahora pagues una entrada
ellos quieren verse alguna vez triunfar. 

Vamos, vamos, cantorcito
que andás de contramano. 
Tus letras siempre dicen
que anda todo, todo bien. 
Te doy un consejo: aportá un poquito más, 
tu forma de pensar
se quedó en el Club del Clan. 
Devolvele al pueblo la canción que le sacaste
ellos siempre están dispuestos a perdonarte. 
Leon Gieco

domingo, 1 de septiembre de 2013

HACATE CARGO PAPI

OPINION - JUAN PERONE 
Hacete cargo papi
"El pibe, tu pibe, alumno de una escuela privada y religiosa, el que todavía no se sabe lavar los calzones pero cree saber de política y balanzas históricas de tanto escucharte, da el paso que vos nunca diste. Y ejecuta su odio. Toma la piedra, apunta al grupo y tira su bronca. Y con ella, la tuya".
Algún día te vas a escuchar y te va a dar vergüenza. Algún día vas a escuchar a tu hijo repetir tus palabras y te va a dar miedo. Vas a ver que vos, como padre, como docente o como dirigente, pusiste tu granito de arena para que el odio germine desde temprano.
No me vengas con la cantinela de siempre. No me repitas como un bobo los eslogans de campaña de Francisco De Narváez. No me hablés de la crispación, la sociedad dividida y que Argentina era un país unido hasta que llegó “él” o “ella”. No me digás, por favor, que a esta altura crees eso que estás repitiendo. No me digas que no sospechas cuando tus frases se parecen cada día más a un sobreimpreso de TN.
Acordate. Sacá la cuenta y decime desde cuándo venís escuchando y repitiendo que tenemos “un país de mierda”, “que los políticos son todos corruptos”, que la seguridad se combate con el “paredón”, que “somos pobres en un país rico”. Decime si tu viejo no citaba ya Cambalache como referencia sociológica diaria.
Y luego, seguiste vos, remarcando que en un país donde “nadie quiere laburar”, “los planes sociales fomentan la vagancia”, las pibas pobres “se embarazan por tener una Asignación Universal”, los militantes políticos “son rentados”, los votos se “compran por un pancho” y “a los pobres les gusta ser pobres” y por eso no salen de su condición.
Y ahora escuchás a tu pibe, que no se sabe lavar los calzones todavía, repitiendo tus axiomas de sobremesa y comentarios obligados cuando se mira televisión. Lo escuchás hablando de “la yegua”, de “negros de mierda” y de “sacar del fundillo a esos corruptos”.
Tu pibe, el nene, repite tus palabras como algunos de tus gestos y los va haciendo carne, carne de persona, carne de ciudadano.
Se llena la boca con tus palabras y un día lo escuchás hablando con sus amigos. Y te da un poco de miedo. Se huele odio, se respira violencia.
Y un día, tu pibe, tu nene, el destino de todos los elogios de papi y mami, toma la iniciativa y te supera. Asume que con hacer comentarios de entre casa, no alcanza, que con rumiar ese odio que dejan como epílogo algunas conversaciones, no basta.
Entonces toma una piedra y la arroja. La arroja contra una columna de militantes de los Derechos Humanos, contra un grupo de ciudadanos de Tandil -peronistas, radicales, socialistas, sin afiliación partidaria- que ha decidido acompañar y ser parte de una batalla todavía inconclusa que debe poner las cosas en su lugar. Lugar histórico, arbitrario y hasta parcial, para muchos, pero lugar al fin.
La arroja contra una columna de gente que avanza hacia la Comisaría Primera para dejar el testimonio de que allí se detuvo y se torturó gente que militaba en partidos políticos pero también en organizaciones sociales y sindicales. En la columna van muchos niños y hasta algunos bebés, en carritos, porque la señalización es un motivo de festejo popular.
Y el pibe, tu pibe, alumno de una escuela privada y religiosa, el que todavía no se sabe lavar los calzones pero cree saber de política y balanzas históricas de tanto escucharte, da el paso que vos nunca diste. Y ejecuta su odio. Toma la piedra, apunta al grupo y tira su bronca. Y con ella, la tuya.
Y ese odio arrojado desde el Colegio San José impacta en una joven de la Escuela Sábato. Ese odio que es piedra, compuesto de tus ideas y su ímpetu, raja una cabeza, una cabeza donde a anidan otras ideas de justicia, política y participación. Ideas que tu pibe desconoce pero detesta igual porque tus lecciones abreviadas de “Estado y ciudadanía”, a veces, confunden todo.
No es la primera vez que pasa algo así en San José. Una patotita, suerte de Liga Patriótica sub 17, ya insultó degradantemente a compañera de aulas por ser militante peronista, militante de la Cámpora.
Tu pibe y sus amigos le soltaron un rosario de tus lugares comunes, un compendio de tu “antiperonismo” desilustrado con bajezas de moda. A la piba que académicamente les pasa el trapo –porque además de militante es de los mejores promedios de la institución-, y personalmente los humilla con su compromiso diario, la atacaron como sólo saben hacer los necios: con el insulto.
Y ahora, la piedra.
Te vas a tener que hacer cargo, papi.
Alguna vez te escuche decir –a vos o a uno de los tuyos- que entre los delincuentes, los padres mandan a los pibes a robar porque a los menores no se los puede “meter en cana”.
Bueno, lo mismo pienso pero de vos.
Porque esa piedra la soltó él, pero la arrojó tu ignorancia, que no deja de ser una delincuencia que practicás a diario.

fuente:   aca

sábado, 31 de agosto de 2013

UNIVERSOS



Hay mas de un universo, es mas, hay tantos universos como personas en el planeta o tal vez debería contar a los animalitos, así no se enojan los ambientalistas chetos, hay también universos dentro de universos y hay universos que no entran dentro de otros, universos chicos, universos grandes, universos egoístas, universos solidarios,  en grupo y solitarios y hasta podría haber más de un universo por cada persona, en este caso Argentinos, estos universos se acomodan de acuerdo a las circunstancias y estas (las circunstancias) hacen de los universos, la exposición más fiel de nuestros valores, o el cambio de posición de los mismos, y como para que los de universo pequeño entiendan voy a citar ejemplos simples, tal el caso de cierta persona que a pesar de ser una buena persona su universo es pequeño, lo bautizo como don Genérico,  y así es como don Genérico quien tiene un buen sueldo, tan bueno que es víctima de la política económica que “injustamente” le toca tributar el impuesto al salario o a las ganancias, y por eso expresa un malestar que parece pertenecer al “sentido común” del grupo al que don Genérico pareciese pertenecer lo que da cierta legitimidad al pensamiento negativo respecto de tal impuesto, pero resulta que a don Genérico lo conozco desde antes de pertenecer al grupo referenciado anteriormente, cuando su universo parecía más amplio, abarcaba más espacio, incluso hasta se percibía una cosmovisión que cubría a mucha gente que estaba excluida de “pertenecer” ¿A dónde? Y, por ejemplo al “grupo” dueño de ese “sentido común” , es increíble como el progreso económico nos agranda por un lado y nos achica por el otro, y es así como don Genérico expresaba su malestar y exponía argumentos donde se podía inferir que no podía crecer, que estaba estancado y que algo hay que hacer para cambiar esto, donde vamos a ir a parar y la mar en coche, pero 10 minutos después me muestra la foto de un modelo de auto que se pensaba comprar (la foto en el teléfono, bajada de internet) creía se le iba a poner cuesta arriba porque está pagando las tarjetas con las cuales afronto un gasto en materiales de construcción para la construcción del quincho que hizo detrás de la casa que había adquirido por sorteo en un plan federal a través del sindicato, que también estaba pagando, y encima había demora en la entrega, ¿Qué no están fabricando? Siii si están vendiendo a pasto, este mes batieron un nuevo record. Como ya habíamos hablado de política antes, no quise decirle lo que pensaba y me guardé el comentario, le iba a hablar de los universos, de los valores y de las inconsecuencias, pero en vez de eso vine a casa y escribí algunas cosas inspirado en alguien que escuchaba mi padre en su juventud, alguien cuyo universo era grande, solidario, consecuente y hermoso, un tal Mordisquito

Yo

miércoles, 21 de agosto de 2013

“No recordaba la cara de mi madre”

Al mediodía declaró Ruth, hija de Alicia Partnoy y Carlos Sanabria, como testigo de la represión contra su familia que comenzó cuando tenía dieciocho meses de edad. Lo hizo por videoconferencia desde la embajada argentina en Washington en el juicio contra siete genocidas del V cuerpo de Ejército imputados por crímenes de lesa humanidad cometidos en Bahía Blanca durante el terrorismo de Estado.
“La peor sensación fue no poder reconocer a mi madre, no recordaba su cara. Ella había sido torturada en el campo de concentración, eso es un gran trauma. No tenía comunicación porque los guardias no permitían que esas cartas llegaran, mi mamá me escribía cuentitos pero nunca me llegaron. Quería que yo tuviera buena moral y fuerza. Trataban de criminalizar el amor entre madre e hija. Estaba visible la marca de las lágrimas en esas cartas”, dijo la testigo un poco en español y otro tanto en inglés.
La intérprete que la asistió tradujo: “Tengo una foto de mi primer cumpleaños, mi madre lucía enferma y mi padre no podía sonreír, es la única foto en que estamos los tres juntos. Yo sabía que ellos sabían que sus vidas corrían peligro y era una cuestión de tiempo para que ellos fueran arrestados”. Ruth corrigió el término: “Secuestrados. O desaparecidos”.
También brindaron testimonio durante la mañana los hermanos y militantes de la Juventud Universitaria Peronista Enrique y Eduardo Macchi, detenidos en Bolívar y trasladados a La Escuelita; y Juan Ángel Arrieta y Antonio Zoccali por los secuestros de alumnos de la ENET 1. Por la tarde, aportaron poco desde la Cámara Federal platense el ex policía Sergio Laluk -interrogado sobre su vínculo con un oficial Fidalgo- y el médico policial Alberto Vitali sobre falsos enfrentamientos en la capital provincial. Este miércoles desde las 9 continúan las declaraciones en Colón 80.
Ruth Sanabria vive en Estados Unidos desde el 23 de enero de 1979 cuando su abuela la llevó a un aeropuerto luego de una visita a la cárcel donde la dictadura continuaba el cautiverio y las torturas contra su madre Alicia Partnoy.
“Un soldado me sacó de los brazos de mi abuela y me llevó a ver a mi mamá, subí a un avión a Estados Unidos. Por segunda vez me destruyeron mi familia, me sacaron de mi país y mi idioma. Mi abuela me decía ‘Tenés que acompañar a tu mamá’. Pero yo a ella no la conocía, era una persona extraña, si bien era mi madre. Eso lo hicieron a propósito, destruyeron la relación con mi madre”, declaró.
El 12 de enero de 1977 Ruth jugaba en el pasillo de su casa en Canadá 240 cuando escuchó golpes fuertes y vio algo brillante, como un metal. “Mi mamá me levanta y me lleva a la cama, yo estaba gritando y mi mamá gritaba muy alto. Escucho los gritos de los soldados y siento que se va mi madre, veo ojos, no reconozco, siento la separación de mi madre. Estoy sola”.
Alguien la dejó con una vecina hasta que la encontró su abuela Raquel. “Mi mamá me cuenta que si no hubiéramos vivido cerca de mis abuelos yo hoy sería una hija desaparecida. (…) Siento que me robaron el derecho a vivir en mi país, sin temor a la muerte y la desaparición, a mi idioma, me dejaron tantas heridas sicológicas que impactan todos los días”.
Comenzó a vivir con sus abuelxs con mucho temor, oscuridad, persianas cerradas y silencio en la casa. Acompañaba a su abuela cuando buscaban a Alicia en “muchas oficinas oficiales” donde rogaban por noticias. Recuerda el odio con que la trataban a Raquel y el esfuerzo que hacía por no dejar caer el ánimo. “Yo no entendía qué estaba pasando”.
“No podía decir quién era ni nada de mi mamá ni de mi papá. Perdí mi identidad, habían secuestrado a mi tío Coco, a Gustavo, mi tío segundo, y podían venir por nosotros. Yo buscaba a mi mamá, andaba por la casa buscando en los gabinetes de la cocina, creía que la había escondido yo misma y no me acordaba dónde. Mi único amigo era mi tío Daniel de 19 años”, contó.
Un policía que apareciera en los dibujitos animados o un ruido alto era suficiente para producirle ataques de pánico. “José Partnoy era uno de mis amigos. Yo siempre estaba sola en mi pieza, me comportaba muy bien pero él sabía que estaba traumatizada. Tengo una memoria muy clara haciéndome preguntas que yo no respondía, sentía que ni a mi propia familia podía decir, que tenía que ser muy madura y aguantar todo”.
No la llevaban al parque por temor aunque su abuelo Carlos le permitía jugar en el jardín y sentirse libre, conectarse con la naturaleza. “Un día apareció un pájaro, un cardenal, mi abuelo me dijo que eso significaba que mi mamá estaba bien”.
Dijo que en ese entonces no se jugaba, que sus abuelos peleaban porque se sentían culpables por no encontrar a su hija y su tío empezó a sentir crisis, miedos, paranoia.
Luego se enteraron que Alicia estaba en Devoto y su padre -Carlos Sanabria- en Rawson. Hacían colas por horas para las visitas. Las maltrataban. Un guardia hacía sentir criminal a Ruth, “me chequeaba, quería ver si tenía algo en mi cuerpo o en mi bombacha para mi mamá. Tenía tres o cuatro años, era violencia. Ese sentimiento existía en mi propia familia”.
Una vez se encontró con familiares de su papá y su tía abuela, que pensaba que eran subversivos, la castigó: “Comenzó a gritarme, acusaciones infundadas y horribles, no entendía porqué lo hacía. Mis primos estaban confundidos. Me castigó y me puso en un gallinero, trataba de darme alguna lección. Cuando mi abuela regresó se puso histérica. Tenía que ver con lo que era yo, que nosotros éramos malos, que no merecíamos vivir. Me aislaron desde esa parte de la familia”.
Con cinco años recomenzó su vida por tercera vez en el exilio. “Cuando llegamos a Estados Unidos mi padre nos estaba esperando, lo habían liberado en octubre, había periodistas de distintos medios. Mi madre y yo bajamos del avión, había muchos flashes, se hizo famoso el caso porque era una familia reunificada. Había muchos refugiados que fueron mi familia, Marta Ramos y Pablo González eran mis nuevos tíos”.
“Uno de los aspectos más difíciles del exilio es ser testigo de los traumas sicológicos. El matrimonio de mis padres se destruyó, mi mamá se enamoró de Antonio Leiva, quedé con mi padre seis meses”, aseguró.
Finalmente destacó que su mamá “nunca paró de luchar, se puso a hacer trabajo político, a dar testimonio, había interés en lo que pasaba con el Plan Cóndor, en Argentina y Chile, fue la misión de su vida” y agradeció a los fiscales y a la gente de Bahía Blanca que lucha por la justicia.
De Bolívar a La Escuelita
Las primeras declaraciones del martes fueron las de los hermanos Enrique y Eduardo Macchi, militantes de la Juventud Universitaria Peronista secuestrados en Bolívar y trasladados a La Escuelita de Bahía Blanca. Antes de llegar al centro clandestino del V Cuerpo de Ejército estuvieron detenidos ilegalmente por unos diez días en la comisaría de su pueblo donde fueron visitados por un cura.
Enrique, estudiante de ingeniería en su juventud, contó por videoconferencia desde Mendoza que en Bahía fue interrogado una vez “sin tortura física” y compartió cautiverio con unas diez personas. Recordó que una de ellas era Zulma o Graciela Izurieta y no pudo asegurar si su compañera de militancia estaba “gordita o embarazada”. En otro lugar de la casa firmó una declaración con los ojos vendados. Luego de su liberación fue convocado al servicio militar.
Su hermano fue capturado en su lugar de trabajo por policías de Pehuajó el 2 de enero de 1977 y contó que ambos fueron liberados el 25 de enero en la Ruta 33. Los represores los bajaron de una camioneta y les ordenaron esperar cinco minutos y caminar en sentido contrario a Bahía Blanca. Así llegaron a Tornquist desde donde pudieron comunicarse con sus padres.
En La Escuelita uno de los detenidos le pidió que al salir avise a sus padres aunque no pudo recordar su nombre. Sí mencionó a Zulma Izurieta a quien reconoció por la voz. Durante la tortura le pedían nombres de otros militantes. Eduardo recordó su militancia en una unidad básica del peronismo y su trato con el padre tercermundista Pepe Zamorano de Villa Nocito.
Sobre los pibes de la ENET
Juan Ángel Arrieta concurría a la escuela nocturna y compartía banco con Sergio Voitzuk, uno de los estudiantes de la ENET 1 secuestrados y torturados en La Escuelita, y relató cómo los militares durante la dictadura ingresaban a la escuela y los ponían con las manos en la nuca buscando activistas.
Mientras los represores ponían en fila a los alumnos con las manos en la nuca las autoridades del colegio “estaban ausentes”. La sentencia del tribunal oral en el primer debate oral ordenó comenzar una investigación contra el director de la ENET 1, Héctor Eusebio Herrero, porque los testimonios “permiten presuntamente inferir una conducta suspicaz y dudosa (…) en oportunidad del arbitrario accionar del Ejército al secuestrar a ciertos alumnos y al profesor Villalba, extremos que nos permiten inferir, apoyados en un principio de fundada sospecha y con el grado de probabilidad suficiente, la presunta intervención del sr. Herrero en dichos hechos”.
El testigo desconoció qué actitud tuvo en ese contexto el director del colegio ni supo si hicieron alguna diligencia. El papel de Herrero “fue pobre como el de muchos seguramente o estaba de acuerdo”. A los alumnos no les explicaron nada respecto de las intervenciones militares y los secuestros de integrantes de la comunidad educativa. Cuando le preguntaron si los padres no hicieron ningún planteo a la institución respondió que “era la época del no te metás”.
“Mi compañero de banco Sergio Voitzuk fue secuestrado, lo vi cuando salió y me contó lo que le había pasado. Tenía marcas. Nuestros padres nos decían que no había que meterse, Sergio estaba en el centro de estudiantes, mi familia se sorprendió y mis padres pensaron en llevarme al campo. Sergio me contó que lo sacaron de la casa a la madrugada, estaba con los ojos vendados, lo torturaron, lo colgaban de una cadena, lo metieron en un tambor con agua, lo picanearon. Hubo otros compañeros y profesores, algunos desaparecidos”.
Arrieta conocía al capitán Ibarra del Club de Equitación donde “era común que hubiera militares, a veces de civil pero mayormente con ropa militar, iba con soldados y su esposa y sus hijos”.
Sobre el mismo grupo de casos de la ENET, Antonio Zoccali testimonió que en diciembre del ’76 se encontraba en su casa con su esposa y sus hijos cuando apareció una camioneta del Ejército con varios oficiales armados que preguntaron por Renato -de 16 años- y lo secuestraron. Dentro de la vivienda había soldados por todos lados que habían entrado por el techo.
Durante la búsqueda, Zoccali escuchó que un grupo de jóvenes habían sido encontrados deambulando por el cementerio y que una patrulla del Ejército los había levantado. Por su trabajo en Entel Antonio conocía al “coronel Mancini” que confirmó que entre ellos estaba Renato y que habían sido llevados al Batallón de Comunicaciones.
Cuando lo vieron estaba irreconocible por las marcas de la picana. “Destruyeron muchas familias como nos pasó a nosotros, mi mujer al poco tiempo tuvo un tumor en la cabeza de tantos golpes que se había dado contra la pared. Mi hijo no quería hablar con nadie, estaba destrozado, nunca nadie se hizo cargo de lo que había pasado, nunca supe quiénes fueron los autores”.
Cuando preguntó en la escuela no sabían nada aunque relacionaban los secuestros con algunos “desmanes” que había habido días antes. Había otros padres en su misma situación pero no sabían porqué se habían llevado a sus hijos. Tampoco tuvieron respuesta en la iglesia Católica: “Había un capellán que decía que rezáramos pero no hizo nada”.